(viene de la entrada Génesis I: Ideas)

Como todos ustedes han podido adivinar, Rodolfo Martínez dijo sí 🙂

Eso aconteció a mediados de septiembre de 2011, y aunque inicialmente acordamos que la selección iba a ser cosa de dos, Rodolfo decidió finalmente asumir el rol única y exclusivamente de editor (maquetación de textos, impresión, distribución, reparto de royalties entre colaboradores, etc.). Antes de ello, entre decenas de correos de ida y de vuelta, fijamos la mayor parte de objetivos de la antología, no sin algún desencuentro puntual que pudo dar al traste con el incipiente proyecto; nada extraño, ni fuera de lo común, por otra parte.

En resumidas cuentas, teníamos claro que queríamos una antología de relatos de temática fantástica y marcada presencia de la ciencia ficción (que a ambos nos apasionaba y que en los últimos tiempos notábamos un declive, al menos en cuanto a ficción breve, que pretendíamos en lo posible contrarrestar), un volumen:

  • anual
  • que apostase por la narrativa original en castellano
  • que incluyera cuentos con la suficiente calidad literaria y especulativa como para poder ser disfrutados por un lector no necesariamente aficionado al género
  • con una edición sencilla en rústica, de alrededor de 200-250 páginas.
  • un PVP lo más reducido posible (barajamos un precio cercano a los 10€)
  • una tirada inicial pequeña, lo más ajustada posible para que no generase pérdidas
  • en consecuencia, basada fundamentalmente en la suscripción
  • con edición digital (ebook), a distribuir en librerías online como Amazon
  • un libro elaborado con ilusión y sin prisas: sería el mejor volumen posible y se editaría cuando estuviera realmente listo (fijamos un objetivo a largo plazo: navidades de 2012-2013), pues ambos contábamos además con otros proyectos personales que atender
  • y, sobre todo, que retribuyese al máximo sus colaboraciones (aún así, me temo que poco), con un contrato firmado que ligara a las partes

Una antología, en todo caso, modesta y limitada fundamentalmente a escritores españoles y distribución en España, con algunas librerías clave (Cyberdark, Gigamesh, Estudio en Escarlata, ¿alguna más quiere añadirse a la lista?), sin subvención externa y con un claro objetivo de sostenibilidad en el tiempo (ser el primer volumen de una colección). Elaboramos una previsión realista de costes (imprenta, envíos, margen de librerías), calculamos la retribución a todos los posibles colaboradores (escritores, ilustrador, maquetador… más un pequeño porcentaje de beneficio para el editor, realmente escaso, y para el proyecto, que se emplearía en “tapar agujeros”), hicimos un cálculo de los suscriptores necesarios para llevarlo a cabo… y decidimos seguir adelante.

La inexistencia de una distribuidora reduciría nuestra presencia en librerías generales (distribuidora que exigiría para operar una cantidad mínima de ejemplares, que chocaba con nuestra filosofía de elaborar una tirada “ajustada a la demanda”), pero nos permitiría aumentar el porcentaje dedicado al pago de colaboraciones, que confiábamos pasase de ser una retribución ridícula (calculen: 30% para la imprenta, 35% para el librero, 25-30% para el distribuidor, y ahora dividan el resultado entre una veintena de participantes) para adentrarse en el terreno de lo “interesante”, aunque nadie se hiciera inmensamente rico, je. En consecuencia, necesitábamos contar con librerías especializadas (necesarias por su visibilidad) pero sobre todo disponer de un número importante de suscriptores, o todo nuestro encaje de bolillos se vendría abajo (posiblemente no obtuviésemos pérdidas, pero indudablemente el proyecto perdería atractivo para los autores y, con ello, también para los lectores).

Pero volvamos la atención a la labor de selección. Rodolfo me había dejado libre (¡huérfano!) para las tareas de coordinación general y selección de material. ¿Podía enfrentarme yo solo a ese trabajo? ¿Confiarían los escritores en mí y en las posibilidades del proyecto? Mi pretensión no era simplemente editar un libro más sino una opción seria de publicación, estable y defendible por sus valores. Sin ayuda, sinceramente no lo veía demasiado claro y me impuse un periodo de reflexión.

La respuesta llegó al cabo de un par de semanas: siempre había considerado a Cuasar, y a su editor Luis Pestarini, como uno de los referentes de la ciencia ficción en español. Hacía poco había publicado una entrevista suya en Literatura Prospectiva, un medio para el que colaboraba, y pensé que quien mejor que Luis, con su amplia experiencia editorial y múltiples contactos, para aportar un plus de solidez al proyecto y debatir cuento a cuento el índice de contenidos. Pero Luis Pestarini contaba ya con su propia revista y colección homónima de libros, ¿le interesaría un proyecto como éste? Sólo había una manera de averiguarlo: contacté, le expliqué las líneas básicas, hizo preguntas, aportó sus propias ideas y, al final, llegamos a un saludable punto de encuentro. Y decidimos, además, centrarnos en el terreno de la ciencia ficción.

Ciertamente, la incorporación de Luis permitió dar al proyecto un impulso cualitativo y cuantitativo realmente notable, pues además de aunar esfuerzos lográbamos dotar a la antología de una dimensión iberoamericana real, no solo a nivel potencial de autores sino también de distribución (de hecho, esperábamos llegar a los interesados europeos a través de la edición española, y a los de Norte, Centro y Sudamérica a través de la argentina; al resto, mediante ebook vía Amazon) y, en consecuencia, aumentar la tirada con la consiguiente mejora en la retribución a colaboradores. La cosa empezaba a sonar francamente bien.

Ambos estábamos bien relacionados con los escritores locales (en mi caso, creo que he leído gran parte de la obra de los principales escritores españoles, y de una u otra manera mantengo contacto o me relaciono con la mayoría), pero Luis contaba además con contactos internacionales pues no en vano había publicado relatos galardonados con los principales premios de la ciencia ficción y fantasía mundial. Así las cosas, la incorporación de Luis nos brindó en bandeja la oportunidad de incluir escritores extranjeros (inicialmente pensamos en uno o dos por número), lo que sin duda sería un aliciente para el comprador, aunque Rodolfo prefiriese mostrarse cauto y ser fiel a su idea de afianzarse número a número e introducir mejoras paulatinamente. No había urgencia, tomaríamos la decisión cuando llegase la hora y según nuestras posibilidades.

Comenzamos a trabajar en las tareas puramente administrativas del proyecto: abrí una cuenta para suscripciones, creé un blog, una base de datos de suscriptores, autores y contactos, definimos los términos del contrato, acordamos el texto de la presentación de la antología y fuimos contactando de manera discreta con algunos escritores para darles a conocer la iniciativa y recabar su opinión al respecto.

Teníamos un proyecto sólido de antología, una editorial con garantías, una distribución potencial ambiciosa, contactos, ilusión… ¡pero lo que no teníamos era un nombre comercial con el que dar a conocer al libro (el nombre de Terra Nova vino mucho después)! Además, la inclusión de cuentos extranjeros hacía necesaria la incorporación de un traductor, un profesional de prestigio que encontramos en la persona de Manuel de los Reyes. Pero todo eso será motivo de una próxima entrada.

(sigue en Génesis III: en busca de un nombre

Mariano Villarreal

 

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