Recibimos el cuento del cubano Erick J. Mota en un momento muy especial para nuestra antología. Hacía el relato número 80 (de 190 recibidos finalmente) y, salvo el de Víctor Conde y Lola Robles seleccionados previamente al margen de la convocatoria, ningún otro cuento recibido nos había convencido lo suficiente. En otras palabras, en tres meses no habíamos recibido un solo cuento apto según los parámetros de calidad literaria y especulativa que nos habíamos fijado los seleccionadores, y ya dudábamos acerca del futuro de la antología.

“Recuerdos de un país zombi” vino a reforzar nuestra convicción de que la ciencia ficción puede ser una herramienta muy válida para reflexionar constructivamente sobre nuestro presente. En este caso, sobre la realidad cubana de ayer, hoy y pasado mañana.

Luis Pestarini había conocido personalmente a Erick en un reciente viaje que había realizado a la isla (en el que aprovechó para pertrecharse de material con vistas a su posible publicación en nuestro libro). A ambos nos pareció un gran relato: valiente, pertinente, y con una trama muy divertida sobre zombis, burocracia, socialismo y revolución, que ofrecía además una segunda lectura en clave de crónica social muy crítica y con un desenlace inquietante. El texto precisaba una ligera corrección de estilo para un lector español, pero respetando el sabor local del cuento que era uno de sus valores fundamentales. Así que decidimos incluirlo.

Cabe advertir que, aunque efectivamente aparecen zombis en la historia, se trata de un cuento más deudor de la ciencia ficción clásica de Robert A. Heinlein que del terror de George A. Romero… y hasta aquí puedo leer.

Es una historia que no pertenece a su ciclo “Habana Underguater”, que describe un mundo donde los rusos ganaron la Guerra Fría y Cuba vuelve a ser el epicentro planetario: una isla controlada por corporaciones religiosas, santeros, mafias, guerrillas de diferente ideología, piratas, hackers y un ejército local de policía, con la revolución olvidada, crisis de balseros provenientes de los antiguos Estados Unidos, un lago interior que recibe el nombre de Underguater y bajo la eterna vigilancia de los Estados Soviéticos del Espacio que amenazan con dejar caer las bombas atómicas desde sus satélites.

Esta serie consta hasta el momento de la novela homónima (Atom Press, 2010), un conjunto de cuentos relacionados, la segunda parte titulada “Los propios rusos” (inédita y finalista del premio Minotauro en su edición de 2011) y una tercera parte que cierra la trilogía que el autor está escribiendo ahora. Quien desee conocer más detalles acerca del autor y su obra, puede leer la muy interesante entrevista realizada en el blog Octavo Cerco.

 

Mariano Villarreal

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